8-Bit Hordes. Análisis.

Si cogemos Minecraft, con su peculiar estilo gráfico lleno de cubos, le añadimos la temática del ya clásico Warcraft de Blizzard – sí, el primero de la saga, el de 1994- y lo aderezamos todo con el estilo Command & Conquer. ¿Qué obtenemos? Ni más ni menos que 8-Bit Hordes… pero con diferencias sustanciales que iremos viendo.

Un juego con un apartado gráfico muy llamativo y una jugabilidad trepidante. Pero vayamos por partes.

En primer lugar hablemos de qué es 8-Bit Hordes. Nos encontramos con un título de estrategia en tiempo real que, a grandes rasgos, consiste en recoger recursos, levantar estructuras y sacar numerosas tropas para barrer del mapa al ejército contrario y alzarnos victoriosos. Para ello contamos con una perspectiva isométrica y un mini mapa con el que orientarnos, desde esta perspectiva deberemos erigir nuestros edificios y entrenar las unidades pertinentes. Básicamente hay dos tipos de unidades: las civiles, encargadas de obtener recursos, y las militares que, bueno, es obvio, se encargan de sacudir mamporros a los enemigos.

Si antes comentaba que había que recoger recursos tal vez no fui muy certero en esa afirmación y eso es porque sólo hay un recurso: el oro que se extrae de las minas repartidas por el mapa y se convierte en dinero al llegar a nuestro edificio principal. Estas minas no tienen recursos infinitos, sino que se van agotando mientras nuestras unidades civiles los extraen de su interior.

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El apartado gráfico es peculiar. Creo que esa es la palabra adecuada. Es del estilo Minecraft, por eso lo cité antes, todo lleno de cubos coloridos que conforman el escenario, los edificios, las unidades… Hay posibilidad de hacer zoom, permitiendo acercar o alejar la cámara a nuestro antojo y la apariencia es divertida. Pero este hecho, este apartado estético, sin estar mal puede que no acabe de gustar a todo el mundo. No es que se vea mal, es que es muy, muy particular.

Citar anteriormente a Warcraft no fue algo baladí. Este título que analizamos toma de las ideas del fabuloso juego de Blizzard. Para empezar la temática, ambientada en un mundo de fantasía en el que podremos controlar unidades como elementales de agua, árboles gigantes, unidades voladoras como el ave Fénix o globos aeroestáticos, magos… Pero no sólo por eso se parece a Warcraft, también por las facciones en liza. Si en el juego de 1994 encontrábamos dos bandos, en 8-Bit Hordes pasará lo propio: humanos y orcos se enfrentarán en batallas repletas de acción cada uno con sus aliados tradicionales. Por desgracia, como el original no hay nada y el juego de Petroglyph sólo es la sombra de lo que es Warcraft.

En lo que se refiere a la jugabilidad el título de Petroglyph se ha fijado mucho en cómo lo hacían los chicos de Westwood Studios con sus Command & Conquer. Para construir edificios no necesitaremos a ningún peón, a ninguna unidad civil, bastará con seleccionar el que necesitemos en el menú de la parte derecha de la pantalla. No estarán disponibles todos desde el principio, algunos requerirán que hayamos construido previamente otro edificio o que lo hayamos mejorado.

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Para entrenar las unidades militares tampoco tendremos que acudir a ningún edificio en particular, dependiendo de los que hayamos construido, podremos reclutarlas también desde el menú ubicado en la parte de derecha de nuestra pantalla. Un aspecto interesante es que si construimos dos edificios del mismo tipo, por ejemplo dos cuarteles de soldados, éstos se entrenarán el doble de rápido que si sólo contásemos con uno.

Este sistema de juego tan típico de Command & Conquer garantiza unas partidas frenéticas en las que el entrenamiento de unidades militares puede ser casi constante desde el principio si contamos con los recursos económicos suficientes. La parte negativa es que en muchas ocasiones tiene las de ganar el ejército con más efectivos o el que haga un “rush”, un barrido temprano sobre la base del enemigo. Esto puede restar componente estratégico y favorecer partidas breves, algo negativo si lo que se busca es afianzar una base de operaciones e intentar prolongar el tiempo de juego.

Las opciones de juego son variadas, pudiendo contar con un modo campaña para cada facción, 12 misiones cooperativas para jugar con amigos, modo multijugador en Red y en LAN. Este último modo es de agradecer porque no es muy habitual encontrarlo en los juegos más modernos y es perfecto para cuando un grupo de amigos se reúnen en un mismo lugar.

En el modo de un solo jugador, a parte de la citada campaña, también dispondremos del sistema clásico de escaramuza contra la IA en el que podremos configurar un mapa, la dificultad de los contrincantes, su bando, el color, etc.

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Si lo que se está buscando es una estrategia más profunda, con más opciones de juego dentro de la partida, que permita ser creativo en la toma de decisiones, mejor optar por otros títulos.

8-Bit Hordes es un juego adecuado para aquellas personas que busquen acción rápida, sin grandes complicaciones en las mecánicas de juego o en el control de las unidades y disfruten de partidas rápidas y frenéticas. ¿Esto es malo? No, por supuesto que no, pero éste no es un título apto para todos los aficionados por lo dicho anteriormente y tampoco por su presentación gráfica. Por otro lado no supone ninguna innovación sobre lo que ya conocemos en el mundo de la estrategia. Toma prestados conceptos de unos títulos y otros, pero no los desarrolla, ni los mejora, haciendo del resultado final algo simple y falto de profundidad. Y, por tanto, para un público muy concreto.

 

+Aspecto gráfico desenfadado y original.

+Entretenido para partidas rápidas

+Modos de juego variados.

+Incluye modo LAN.

 

-No ofrece nada nuevo.

-Si buscas estrategia en tiempo real con cierta complejidad no es tu título.

-No está en español.

 

 

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